tesco de chicle. Su color era entre morado, café y verde, ya que mezclé un montón de miti-mitis sin importarme que los sabores fueran distintos. Algo tenía el chicle que me fascinaba profundamente, era entre lo prohibido y ese dejo adulto que tenía. Había una cierta soberanía en quienes veía masticar esa gomosa sustancia y yo quería ser una de ellos.
El globo que había inflado era tan grande como mi cabeza, era imposible evitar la tentación de reventarlo con mis manos. Como si aplaudiera lo hice explotar, la esfera olorosa a colorantes y endulcorantes artificiales era ahora parte de mis palmas.
Corrí a la casa en busca de ayuda, consciente del reto que vendría ya que no me dejaban jugar con esta cosa porque que pensaban que me lo podía tragar o que terminaría tal como iba ahora a pedir socorro. Aunque lo niegue, la voz adulta muchas veces tiene la razón y logra adelantarse a lo evidente.
Recuerdo la cara de decepción de mi mamá. Sentada y con una esponja en la mano frotó una infinidad de veces tratando de sacar la mayor cantidad de esa pegote delicia que era ahora de color negro. “Es imposible sacarte esto” – me dijo con molestia – “Te vas a quedar con las manos con chicle para siempre”. Pensé lo peor. Inmediatamente me imaginé adulta y con mis manos inmundas, llenas de basuritas que se fueron adhiriendo a mis palmas a medida que pasaron los años.
Me fui a la calle con las manos sucias y el sentimiento de derrota. Preocupada por la cochina y eterna condena que me esperaba, pensé que podría despegar el chicle si frotaba mis manos con un poco de ripio, que por algún motivo desconocido, se encontraba a la salida de la casa de uno de mis vecinos. A la vez recordaba que no me dejaban jugar con ese montoncito de arena porque según mis padres: “la habían sacado del Mapocho y en el Mapocho hay caca”. Para los padres todo lo que era sucio, era caca, quizás se justificaba en esos tiempos porque el Cólera y el Tifus eran las enfermedades del momento. Quizás, como lo es hoy, la Influenza.
A pesar de las advertencias, y sin hacer caso, me fui al montón de ripio al igual que me había metido esa cantidad descomunal de miti-mitis que ahora me tenía tan complicada. Había algo en ese montículo gris que me llamaba, me senté a su lado, agarré un puñado y comencé a frotar mis manos. De a poco sentí la libertad. El chicle se alejó definitivamente de mis manos y tuve que aprender que un sucio placer prohibido saca otro. Tal como los clavos.

10 Observaciones, comentarios y acotaciones de pie:
- Creo que el chicle es lo máximo
- creo que cuando eras pequeña eras igual a como estás ahora
- creo que has dado un gran paso en la construcción de sabiduria popular... en vez de prohibirles a mis hijos disfrutar del chicle, les enseñaré a usar ripio para limpiarse.
- creo que el chicle es lejos uno de los mejores placeres de la vida... sobre todo cuando uno es pequeño (a excepción del miti-miti chocolate-menta)
Que te vaya bonito
alguna feria por ahí nos juntará denuevo, con mandonas pesadas y odiosas de bocas grandes y aires de autoritarismo barato.
Mientras tanto, te leo
nos leemos mutuamente en msn
y lo q sea.
Saludossssssssssssssss!!!!!
Carola
futura cesante de gobierno
gracias!
Sus peliculas favoritas tambien son las mias!
beso
que crespita que eras!
qué lendo recuerdo, me encantò el texto. cuando niños nos creemos todo lo que nos cuentan, como eso de las manos con chicle para siempre, jeje. Y ahora lo único que me creo es que me qudaré solo para siempre, jaja. bueno esa fue mi reflexión rosa
saludos lenda y besos
Cristina
Gracias por tus historias. Acabo de "descubrirte" (¡y saber que compartimos la misma urbe!). Capaz que cualquiera de estos días nos crucemos en el Transantiago sin darnos cuenta. Ánimo. Seguiré leyéndote (¿podría incluir este "sucio placer prohibido" entre mis favoritos?).
Un saludo y un beso.
Oscar.
Hola! Qué lindo escribes! Me hiciste acordar hasta del envase de los miti-miti cuando era chica...
¡Sí fui al concierto de Johansen! Soy muy fan de él también, así que fue lo máximo escucharlo mientras proyectaban los dibujos de Liniers...
Saludos, compañera de U! :P
Me dieron ganas de comer chicle...me voy ac omprar uno!!!
Uhh, hace bocha que no me mando un chicle, y no tengo la menor idea de por qué... Qué extraño... Como sea, muy buen recuerdo-historia. Saludos
PD: Me alegro que le guste mi sentido del humor!
pily, cuando me iba para mi casa despues de postearte, me acorde que realmente eres mi sobrina, jajajaja, es que algunas veces se me olvida que tengo otros cuatro hermanos mas, de acuerdo de ti, y tienes el mismo rostro, solo que ya eres grande, te mando muchos saludos y tambien para tu mama y tu hermano.
Javier
Holita! esta linda la historia, me recuerda a mi niñez, yo hasta me comia los bichos.
Bueno espero que sigas siendo una exelente escritora :)
Publicar un comentario en la entrada