Hace un par de días, me encontraba caminando por un sector del gran Santiago usando unos cómodos pantalones de algodón. En mi travesía creo que recorrí al menos unas siete cuadras en una calle repleta de peatones y autos en movimiento. Me parecía un poco extraño, pero no le quise dar mucha importancia, a la forma media picarona en la que un par de chicos ubicados detrás de mi me miraban, acompañada también de risas silenciosas que trataban de disimular. Esa caminata fue rara, no sólo por ellos, sino que también noté una actitud similar en un señor bastante adulto.
Al llegar a mi destino, noté que el cómodo pantalón que tenía puesto se había desconocido en toda la parte trasera, o sea, tenía al descubierto gran parte de mi lindo derrière que lamentablemente no lograba ser protegido, para nada, por el colaless que elegí usar ese día. De la vergüenza pasé a la paranoia: claro, el par de jovenzuelos tuvieron un festín visual que pudieron haber grabado o fotografiado con absoluta facilidad gracias a sus celulares. Y yo ultrajada como las divas que toman sol en topless en Miami.
Hoy en día es imposible detener el bichito reporteril que invade a más y más personas, la mayoría de los videos que vemos en Youtube son de creación artesanal o captan los momentos desprevenidos de las personas comunes y corrientes, porque si tienes un celular con cámara eres de inmediato un ciudadano que puede crear o informar, ya que somos los testigos principales o protagonistas de las miles de cosas que día a día pueden pasar y que la prensa se pierde. Frenar la corriente de información digital popular – cualquiera que sea – parece un acto imposible, son tantos los lugares habilitados para su difusión que es difícil saber por donde empezar y además son necesarios. Me confieso y me conformo, creo que soy una victima de la web 2.0, de Bolocazzo a Roblerazo… ¿Estaré en Youtube?
Al llegar a mi destino, noté que el cómodo pantalón que tenía puesto se había desconocido en toda la parte trasera, o sea, tenía al descubierto gran parte de mi lindo derrière que lamentablemente no lograba ser protegido, para nada, por el colaless que elegí usar ese día. De la vergüenza pasé a la paranoia: claro, el par de jovenzuelos tuvieron un festín visual que pudieron haber grabado o fotografiado con absoluta facilidad gracias a sus celulares. Y yo ultrajada como las divas que toman sol en topless en Miami.
Hoy en día es imposible detener el bichito reporteril que invade a más y más personas, la mayoría de los videos que vemos en Youtube son de creación artesanal o captan los momentos desprevenidos de las personas comunes y corrientes, porque si tienes un celular con cámara eres de inmediato un ciudadano que puede crear o informar, ya que somos los testigos principales o protagonistas de las miles de cosas que día a día pueden pasar y que la prensa se pierde. Frenar la corriente de información digital popular – cualquiera que sea – parece un acto imposible, son tantos los lugares habilitados para su difusión que es difícil saber por donde empezar y además son necesarios. Me confieso y me conformo, creo que soy una victima de la web 2.0, de Bolocazzo a Roblerazo… ¿Estaré en Youtube?

2 Observaciones, comentarios y acotaciones de pie:
uuuuuuuHHHH.
Situacion bastante complicada para una dama, sobre todo en como ibas y como ocurrio.
Pero bueno son cosas que ocurren y de las cuales nadie se salva, mejor tomarlo como una anecdota y tomar resguardo para la proxima.
Es verdad lo del reportero ciudadano, basta ver como varios portales de internet fomentan e incentivan a las personas a ser participes de la noticia, lo vivi en carne propia cuando me toco un taco fenomenal por un accidente y al llegar al trabajo y dar las explicaciones de rigor por el atraso, ya estaba la noticia en el portal de terra con sus correspondientes fotos tomadas por un pasajero que iba en la misma micro donde ocurrio el accidente.
Y del paparazeo, uff, quizas estes en algun flog o sitio, y ya seas famosa... cosas de la net.
Cariños
Ea! que paseando por los blog´s del mundo me he encontrado con el tuyo y mira, la suerte que he tenido, pues hace un tiempo me ha pasado lo mismo que a ti. Yo había ido a juntarme con unos amigos de la infancia al Parque Bustamante y estaba todo feliz y muy contento. Cuando me fui a mi casa no me di cuenta de que llevaba en mi buen pantalón un tremendo chicle pegado en donde no lo pude ver. Bueno, todos comentaban, y después lo noté, ecerca del chicle en el pantalón... Cosa terrible, verguenzas que uno tiene que pasar...
Aunque no creo que esté yo en "you tube".
Eso,
Saludos.
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